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Entre tropiezos y aciertos

9 noviembre, 2018

María Cristina García Cepeda ocupó el cargo en 2017

 

STAFF/
AGENCIA REFORMA

CIUDAD DE MÉXICO.- Convocados por Grupo REFORMA, un grupo de artistas y promotores evalúa el desempeño de María Cristina García Cepeda al frente de la Secretaría de Cultura (SC), encargo al que fue designada en enero de 2017 y que dejará en diciembre tras el relevo presidencial. Una administración corta, discreta y marcada por el continuismo.

 

Y aunque se le reconoce su trayectoria, su gestión es evaluada, en promedio, como regular por las 23 personas que aceptaron participar en el ejercicio.

 

“García Cepeda heredó una situación muy difícil tras la larga enfermedad y lamentable pérdida de su antecesor, Rafael Tovar y de Teresa. No había tiempo ni presupuesto para hacer otra cosa que concluir lo iniciado”, estima, por ejemplo, el director de orquesta Benjamín Juárez Echenique.

 

El recorte presupuestal a Cultura es percibido como el mayor desacierto no sólo de García Cepeda sino del sexenio. El sector pasó de 16 mil 781 millones de pesos en 2013 a 12 mil 916 millones en 2018, presupuesto agraviado por la inflación.

 

Un enorme déficit que minó la producción, difusión y gestión cultural oficial, en opinión de la historiadora del arte Ana Garduño.

 

“La vanidad de reproducir el peor modelo en este momento, el modelo francés ministerial, sí colocó el centro de gravedad en que hipotéticamente el Secretario tendría que haber generado las condiciones de batalla presupuestal en las cámaras. Yo no vi que eso ocurriera”, señala, por su parte, el curador Cuauhtémoc Medina.

 

Entre los efectos, acusan un “estado ruinoso” en la mayoría de los museos federales, sin posibilidades económicas para el mantenimiento necesario.

 

“Y mucho menos (hubo la posibilidad de) plantearse una política de coleccionismo institucional que fortalezca y actualice sus acervos o una indispensable remodelación a fondo de sus exposiciones permanentes”, afirma Garduño.

 

Aunque la creación de la SC podría considerarse un logro, lo que se le objeta es mantener el modelo centralista, no institucionalizado y legalmente desprotegido de lo que fue el Conaculta, observa Medina.

 

“Una Secretaría cuyas marcas de origen son el apresuramiento y la imposibilidad de definir con claridad un programa cultural a futuro”, añade Garduño.

 

La actuación de la SC para la protección del legado de Octavio Paz ante el fallecimiento de su viuda, Marie-José Tramini,causó también controversia durante la administración. Un grupo de intelectuales y promotores consideraron insuficiente la declaratoria de Monumento Artístico del acervo documental y bibliográfico del poeta.

 

“La Secretaría fue negligente, caótica y tibia, y el INBA fue lento, omiso y torpe. La declaratoria de Monumento Artístico otorgada, finalmente, a la obra de Paz, debió de hacerse de manera inmediata, con mayor alcance y protección para su obra y posesiones y, sobre todo, con la intervención personal del Presidente (Enrique) Peña Nieto”, advierte José Carlos Canseco Gómez, museólogo.

 

El promotor cultural Arturo Saucedo reprocha haber mantenido en el cargo al director jurídico de la SC, Luis Cacho, por su manejo del caso, “quien por sus limitaciones mutiló la Ley General de Cultura y Derechos Culturales y dejó en la incuria y sin protección el legado de Paz”.

 

Reprochan, asimismo, el desatender la elaboración de una política cultural nacional y priorizar en su lugar la reorganización y el armado administrativo de la SC.

 

En el terreno laboral, reprueban no aprovechar la transición a secretaría para acotar a los sindicatos, y lamentan las malas condiciones laborales del personal contratado bajo el Capítulo 3000, quienes padecen retrasos en sus honorarios, así como el tardío pago a profesionales independientes.

 

“En mi campo, el abandono de la producción por parte del Estado es absoluto, fuera de la producción de la Compañía Nacional de Teatro”, advierte el dramaturgo David Olguín.

 

Y otra falta que observa Carlos Villaseñor, experto en política cultural: “El programa Cultura en Armonía lamentablemente se quedó corto respecto de la voluntad política que había expresado el Presidente”.

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